¿Por qué existe la vida en la Tierra? (III)

Retomando el tema donde lo dejamos, exploraremos las características que han hecho que la vida surja en nuestro planeta de manera tan espectacular. Partiremos en primer lugar de la presunción de que, aunque quizá sea posible, la vida en gigantes gaseosos es altamente improbable debido a su carencia de una superficie sólida y las condiciones extremas que se pueden encontrar en el interior de la mayoría de estos colosos.

Así pues, el primer factor que pasamos a considerar es el de la masa del planeta que tiene implicaciones más profundas de las que puedan parecer a simple vista. Como muchos habréis anticipado, un planeta con una masa demasiado reducida conllevaría una gravedad menor en su superficie, por lo que la atmósfera sería poco densa o inexistente. Y es que es la gravedad lo que hace que los gases que componen la nuestra no escapen hacia el espacio arrastrados por los vientos solares aunque continuamente se están expulsando miles de moléculas a él.

 

La baja densidad de la atmósfera no solo supone una carencia de algunos elementos que se creen vitales para la existencia de vida (valga la redundancia), sino que además hacen que el planeta pierda calor más rápido y que las diferencias de temperatura entre las distintas regiones sean más acusadas. Podemos encontrar el ejemplo contrario en Venus que, como ya mencionamos, posee una atmósfera extremadamente densa. Adicionalmente, una atmósfera poco densa proporciona una pobre protección contra amenazas exteriores, como pueden ser meteoritos o asteroides o la propia radiación procedente de nuestra estrella.

La masa de un planeta también tiene una segunda implicación mucho más sutil. Los planetas menos pesados pierden a su vez su energía más rápido como consecuencia de tener una relacion superficie-volumen mayor que otros planetas más (la densidad del planeta es un factor a tener en cuenta en este razonamiento). Como consecuencia, en pocos años tras su formación pueden considerarse geológicamente muertos. Y es que precisamente la actividad volcánica y tectónica se considera una de la claves de la existencia de vida en la Tierra al renovar constantemente la corteza terrestre y proporcionar el sustrato necesario para el crecimiento de las plantas y liberando además gases indispensables para la termoregulación de nuestro planeta como el dióxido de carbono. A su vez, un planeta geológicamente muerto carece de un núcleo líquido cuyo movimiento de rotación genere un campo magnético que sirva como escudo adicional.

Aunque hablar de planetas con poca masa es relativo, se ha postulado un valor de unas 0,3 masas terrestre para el límite a partir del cual un planeta podría ser incluido en esta clasificación. Sin embargo, aunque podríamos decir que la masa de un planeta está acotada inferiormente no pasa lo mismo con su límite superior, llegándose incluso a pensar que planetas terrestre con masas superiores a las de nuestro planeta, las llamadas super-Tierras, podrían proporcionar incluso mejores condiciones para la habilitabilidad. También se ha barajado la posibilidad de vida en las lunas de algunos planetas, como podría ser el caso de Europa (uno de los satélites de Júpiter) que cuenta con un océano de agua líquida bajo su superficie helada.

 

Pasemos a considerar ahora las características de la órbita del planeta. Aunque la más importantes ya las mencionamos en el capítulo anterior, otro factor a tener en cuenta es la excentricidad de la órbita. Este dato nos da la diferencia entre la posición más alejada y la más cercana a la estrella que orbita.  Si la excentricidad es demasiado alta, el planeta sufrirá variaciones de temperatura demasiado severas para que las potenciales formas de vida florezcan . Un caso crítico es cuando la temperatura del planeta fluctua por debajo del punto de congelación y por encima del punto de ebullición del (en el caso que estamos considerando) agua. Aunque tanto la Tierra como muchos de los planetas del Sistema Solar (exceptuando a Mercurio) tienen una excentricidad prácticamente nula, es decir que sus órbitsa se asemejan en gran medida a circunferencias, se cree que esta caractéristica se aparta de lo usual en el resto de sistema estelares.

Las características y el comportamiento del eje de giro del planeta también ha de ser tenido en cuenta. Si su inclinación, considerada siempre respecto a la perpendicular a la eclíptica, es prácticamente nula, el ecuador del planeta recibe siempre el máximo de radiación alcanzando una temperatura mucho más alta que el resto del planeta. Por otro lado, si el eje de rotación está demasiado inclinado, la diferencia de condiciones climáticas entre las diferentes estaciones sería demasiado extrema, lo que tendría el mismo efecto que una órbita demasiado excéntrica.

Pero no solo la inclinación del planeta en un momento dado es importante, sino también la evolución de esta a lo largo del tiempo. Por ejemplo, el eje de rotación de la Tierra oscila entre 21,5º y 24,5º con un periodo de 41.000 años. De nuevo nos encontramos con que si esta variación es demasiado alta las condiciones del planeta no serán los suficientemente estables como para que los organismos complejos puedan desarrollarse.

Ya por último, se considera que el periodo de rotación del planeta no debería ser demasiado prolongado, es decir que las noches y los días tuvieran una duración media. En caso contrario, la radiación incidiría demasiado tiempo sobre una de la mitades del planeta dejando a oscuras la opuesta, que estaría mucho más fría. Este efecto tendría relación con los acoplamientos de mareas que ya comentamos. Por supuesto también podemos realizar consideraciones acerca de la composición detallada del planeta, que condiciona en gran medida la aparición de las características de las formas de vida que se puedan desarrollar. Sin embargo, dado que esto se escapa de mi terreno, prefiero pasar a unas últimas consideraciones.

Hasta ahora hemos hablado de las relaciones entre la estrella y el planeta a nivel local y las características de este último. Sin embargo siempre podemos reflexionar acerca de la situación del planeta, ya no solo dentro de su propio sistema estelar, sino dentro de la propia galaxia.

Por ejemplo, si el planeta se encuentra dentro de una zona de alta actividad estelar, como puede ser una nebulosa o un cúmulo de estrellas, se vería sometido a continuas perturbaciones gravitacionales y recibiría una cantidad de radiación demasiado elevada (además de estar expuesto a posibles supernovas). Otra de las zonas que debería ser excluida sería las proximidades del centro de la galaxia, donde se encuentra el agujero negro supermasivo que es extremadamente peligroso para cualquier cuerpo cercano por razones obvias. Además el centro de la galaxia es una región de alta densidad estelar y por lo tanto también se aplicaría lo anteriormente dicho. Los brazos de la galaxia son otra zona de la que se podría decir lo mismo, por lo tanto el sistema estelar en el que se encuentra el planeta debería evitar cruzarlos a largo de su órbita. Otras fuentes de radiación como pueden ser los púlsares también sería extremadamente perjudiciales para cualquier forma de vida.

Hemos repasado todas las características que se creen que influyen directamente en la aparición de vida en un planeta. Sin embargo, tras toda esta disertación en tres capítulos, volvemos a formular brevemente la reflexión que hicimos al principio de esta serie. Todos estos razonamientos parten de la base de que las posibles formas de vida, si bien en general serán diferentes a las que conocemos, comparten ciertas características básicas con las de la Tierra. No por ello debemos descartar que, como en el caso de los extremófilos, la vida se pueda desarrollar en cualquier tipo de condiciones, como se plantea en el libro que comente en el artículo, Huevo del Dragón.

Con esto concluimos nuestra exhaustiva investigación acerca de lo que nos podremos encontrar en un futuro, o más bien, de dónde nos lo podríamos encontrar. Continuaremos en próximos artículos con nuestro viaje en business class a lo largo de todo el Sistema Solar, saltándonos nuestro planeta para aterrizar en Marte.

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~ por Kleiser en 20 noviembre, 2010.

10 comentarios to “¿Por qué existe la vida en la Tierra? (III)”

  1. Me alegro muchisimo de que retoméis el blog. Espero impaciente el post sobre Marte.

    • Me alegra volver a verte por aqui a mi tambien. Supongo que lo tendre listo para el finde, pero antes os dejo un regalo para hacer boca, en un rato lo publico.

  2. muyyyyyyyyy buenooooooooo gracias por todo

  3. gracias x su respuestas ma fomes k la x…………..

  4. porque se dice que sin la actividad volcanica,no existiria la vida en el planeta

  5. me gusto me pusieron 5.0 en la tarea esto es el articulo mas explicado que he leido.

  6. houuuuuuuuuuuuuuuuuuu
    lo mejor

  7. me gustaaa

  8. (y)

  9. aa

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